La presencia constante de «pensamientos negativos», incluso en escenarios dominados por resultados favorables, responde a un funcionamiento ancestral del cerebro y no a una tendencia personal al dramatismo.
Este sesgo tan común para la mayoría de personas puede dar sentido a por qué como seres humanos, tendemos a:
- Recordar mejor las experiencias traumáticas que las positivas.
- Recordar mejor los insultos que los elogios.
- Reaccionar emocionalmente de forma más intensa a los estímulos “negativos” que a los positivos.
- Pensar en cosas negativas con más frecuencia que en positivas.
- Reaccionar con mayor intensidad ante los acontecimientos negativos que ante otros igualmente positivos.
- Centramos la atención rápidamente en la información negativa antes que en la positiva
Por ejemplo, puede que estés teniendo un día estupendo en el trabajo cuando un compañero hace un comentario desafortunado que te irrita. Entonces, te pasas el resto de la jornada laboral dándole vueltas a sus palabras. Y cuando llegas a casa después del trabajo y alguien te pregunta qué tal te ha ido el día, respondes que fue terrible, aunque en general haya sido bastante bueno a pesar de ese incidente negativo.
Definición
El sesgo de negatividad es nuestra tendencia no solo a registrar los estímulos negativos con mayor facilidad, sino también a obsesionarnos con ellos. Conocido también como «asimetría positivo-negativa», este sesgo implica que sentimos el dolor de una reprimenda con más intensidad que la alegría de un elogio.
Este fenómeno psicológico explica por qué las malas primeras impresiones pueden ser tan difíciles de superar y por qué los traumas del pasado pueden tener efectos tan duraderos. En casi cualquier interacción, tendemos a fijarnos más en los aspectos negativos y a recordarlos con mayor claridad.
Sucede que los seres humanos tenemos cierta tendencia a pensar sobre aquello que no fue tan bien, en lugar de reflexionar sobre los aspectos que sí lo fueron. De ahí que nuestros recuerdos agradables y positivos puedan quedar empañados por simples encuentros desagradables. A esto es a lo que se refiere el sesgo de negatividad, al valor que le damos a lo negativo.
Este es, además, el sesgo que explica las razones por las que los eventos traumáticos y las experiencias negativas permanecen más tiempo y parecen afectarnos más que las positivas. Parece que estas experiencias más o menos desagradables tienden a volverse más intensas en nuestros pensamientos. Profundicemos.
Lo que aporta la investigación
Las investigaciones han demostrado que, en una amplia gama de situaciones psicológicas, las personas tienden a centrarse más en lo negativo cuando intentan comprender el mundo.
Tendemos a...
- Prestar más atención a los acontecimientos negativos que a los positivos.
- Aprender de los resultados y experiencias negativas.
- Tomar decisiones con base más en información negativa que en datos positivos.
Son las "cosas malas" las que captan nuestra atención, se quedan grabadas en nuestra memoria y, en muchos casos, influyen en las decisiones que tomamos.
Motivación
Las investigaciones psicológicas sugieren que el sesgo negativo influye en la motivación para completar una tarea. Es curioso que nos motiva mucho más una tarea que suponga evitar una experiencia negativa o que también ayudará a evitar la pérdida de algo que la motivación que le ponemos a una tarea cuando el mimo incentivo se presenta como un medio para obtener algo positivo.
Esto puede influir en tu motivación para alcanzar una meta. En lugar de centrarte en lo que ganarás si sigues trabajando para conseguir algo, es más probable que te detengas en lo que podrías tener que sacrificar para lograr esa meta.
Malas noticias
Además, los estudios han demostrado que las noticias negativas tienen más probabilidades de ser percibidas como veraces. Dado que la información negativa atrae mayor atención, también puede considerarse más válida. Esto podría explicar por qué las malas noticias parecen captar más atención.
Política
Las diferencias en el sesgo de negatividad también se han relacionado con la ideología política. Algunas investigaciones sugieren que los conservadores pueden tener respuestas psicológicas más fuertes a la información negativa que los liberales. Por ejemplo, algunas pruebas han encontrado que las personas que se consideran políticamente conservadoras son más propensas a calificar los estímulos ambiguos como amenazantes.
Estas diferencias en el sesgo de negatividad podrían explicar por qué algunas personas son más propensas a valorar cosas como la tradición y la seguridad, mientras que otras están más abiertas a aceptar la ambigüedad y el cambio.
Seguidamente se exponen aportes de varios expertos que permiten comprender desde una perspectiva científica, este sesgo.
Explicación del Psicólogo Alberto Ramírez
En los términos expertos aportados por el psicólogo «Alberto Ramírez», una parte muy importante de nuestra experiencia está determinada por lo que denomina “sesgo de la negatividad”, un fenómeno por el cual “tenemos tendencia a darle más peso a lo negativo que a lo positivo”. El especialista compartió estas indicaciones a través de su cuenta de TikTok (@albertopsi.mentalmadrid).
Cuestión evolutiva: Alberto Ramírez
Abordando el trasfondo biológico del fenómeno, Ramírez sostuvo que la raíz de este mecanismo permanece vigente por una cuestión evolutiva: “Estamos programados para sobrevivir, no para ser felices”. Detalló que, durante miles de años, la detección de cualquier indicio de peligro “podría salvarnos la vida”, motivo por el cual la mente “aprendió que lo negativo es más útil para la supervivencia que lo positivo”.

Esa alarma interna, adquirida por necesidad, “sigue funcionando hoy, aunque ya no vivamos rodeados de depredadores”. En la actualidad, aunque las amenazas sean distintas, el cerebro tiende a reaccionar con la misma intensidad ante desafíos menores, como problemas laborales o desacuerdos familiares. Esta predisposición puede llevar a una vigilancia constante y a una interpretación exagerada de los riesgos, dificultando la calma y el disfrute de los logros.
A nivel biológico las 🔎 emociones negativas despiertan la amígdala, una estructura cerebral ancestral relacionada con las reacciones inmediatas de Lucha-Huida. Podríamos decir que la amígdala es una especie de “alarma del cerebro” especializada en activarse ante las malas noticias. Una vez que suena esta alarma los eventos se registran rápidamente en la memoria para analizar cualquier suceso que pueda suponer un peligro.
Cuestión evolutiva: Rick Hanson
El referente evolutivo tiene muchos antecedentes. Así, en el libro El Cerebro de Buda, el neurocientífico Rick Hanson aventura una explicación, que ha sido avalada por muchos otros investigadores, sobre el origen del carácter evolutivo de este sesgo de negatividad.
Según Hanson, este sesgo de negatividad es una consecuencia de la evolución por la que nuestros antepasados aprendieron a tomar decisiones inteligentes en situaciones de alto riesgo. Este tipo de decisiones fueron las que les hicieron sobrevivir el tiempo suficiente para garantizar la siguiente generación. Eran cuestión de vida o muerte.
Así, los individuos que vivían en sintonía con los posibles sucesos peligrosos tenían más probabilidades de sobrevivir. Con el tiempo, la estructura cerebral se adaptó de forma muy lenta para prestar más atención a la información negativa que a la positiva.
Las diferentes investigaciones parecen estar de acuerdo en que este sesgo de negatividad se desarrolla en la primera infancia. Alrededor del primer año, la atención de los bebés cambia de las expresiones faciales positivas a enfocarse más hacia los estímulos negativos.
Rol del cerebro
Ramírez explicó al referirse a situaciones cotidianas como recibir “diez comentarios positivos y solo uno negativo”, que esa inclinación a centrarnos en lo adverso obedece a la forma en que el cerebro prioriza “aquello que nos puede dañar, aunque sea pequeño, puntual o poco importante”.
El psicólogo advierte que este rasgo puede condicionar la manera en que interpretamos la realidad y percibimos nuestras relaciones e incluso nuestra propia identidad. Según Ramírez, “nos quedamos enganchados a errores, críticas, discusiones o fallos”, lo cual genera que “lo positivo se vuelve invisible y lo negativo se vuelve el protagonista”. De persistir sin control, esta disposición mental “puede distorsionar cómo vemos nuestra vida, nuestras relaciones e incluso a nosotros mismos”, remarcó.
Paralelamente, en un estudio realizado por Ito y sus colegas (1998), encontraron que nuestros cerebros responden más intensamente a los estímulos negativos. Los investigadores presentaron fotos a 33 participantes y midieron la actividad eléctrica de su cerebro para estudiar sus respuestas.
Algunas eran afectivamente neutrales (por ejemplo, un plato), otras se consideraban imágenes positivas (personas disfrutando de una montaña rusa) y otras se consideraban imágenes negativas (una pistola apuntando a la cámara, una cara mutilada). Los resultados fueron los esperados, la activación cerebral era más intensa cuando los participantes observaban imágenes con connotación negativa en lugar de positivas o neutras.
¿Cómo superar este sesgo?
No obstante, Ramírez propuso estrategias simples y concretas para limitar el impacto de este sesgo en el día a día. La primera consiste en “hacer una pausa consciente” ante una reacción adversa y preguntarse: “¿Esto es tan importante realmente o es mi cerebro que está protegiéndome de más?”
Otra recomendación es entrenar la atención hacia lo favorable, ya que, como explicó el psicólogo, “las cosas buenas duran segundos, a menos que lo saborees”, y para ello sugiere registrar lo positivo al menos “diez o veinte segundos” para consolidarlo en la memoria.
Entre las pautas prácticas, plantea escribir “tres cosas que te hayan salido bien al final del día”. Ramírez describió este ejercicio como “un entrenamiento para equilibrar la balanza”. No se trata de negar los hechos desagradables, sino de ayudar a “priorizar aquellas cosas que son buenas”. Además, instó a relativizar eventos negativos enfatizando la importancia de observar “el conjunto, no el detalle”, ya que “una crítica no define tu valía, ni un error tampoco define tu capacidad”.
Por último, Ramírez señaló que conviene practicar la autocompasión, recordando que “tu cerebro funciona así por diseño, no por fallo”. Invitó a las personas a dirigirse a sí mismas “igual al que hablarías a alguien que quieres”, y reiteró: “Lo negativo impacta más, sí, pero no tiene por qué dominarte”.
Reconocer que este mecanismo es universal y que afecta a la mayoría de las personas puede generar alivio y favorecer el cambio. Comprender este proceso cerebral permite no solo reducir el autoboicot, sino también fomentar relaciones más saludables y una visión más equilibrada de la vida cotidiana.
El portal Psicoactiva hace lo propio en esa línea terapeútica, cuando propone algunas tácticas para poder reducirlo:
Observa tu diálogo interno negativo y sustitúyelo por enfoques mucho más positivos, se trata de reformular afirmaciones negativas, por otras más empoderadoras y positivas. En lugar de afirmar “Soy un fracaso”, convertirlo en “Cada día me estoy acercando más al éxito, pero por el camino es normal no triunfar con todo lo que pruebo”.
Aprende a saborear los momentos positivos y parar durante unos minutos a vivir esa experiencia. Dándole tiempo y observando todos los sentimientos, emociones y sensaciones que experimentas, estás facilitando a tu mente la creación de un nuevo recuerdo positivo en tu memoria, estás creando tu propio inventario de recuerdos positivos. Por lo tanto, la próxima vez que te encuentres en un momento de disfrute, invierte un poco más de tiempo del habitual para saborearlo.
Una táctica que puede parecer un tanto extraña al principio es reducir la distancia con esa voz interna destructiva. Cámbiala por un tono de voz más amable, como el que utilizarías cuando estás hablando con un amigo. En ese momento realizamos preguntas curiosas cómo por ejemplo “¿Estás bien?”, “¿Por qué estás tan enfadado?”. La idea es interrumpir esa voz que nos está hablando de una forma tan negativa y aplicar en nosotros mismos la regla de oro: “Tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros”. Esto implica aplicar la bondad y la compasión a tu propio ser.
Explicación del Psicólogo Roy Baumeister
Roy Baumeister, psicólogo social de la Universidad de Queensland y coautor de "El poder de lo malo y cómo superarlo" (The Power of Bad: And How to Overcome It), plantea que este sesgo hace que prestemos especial atención a las amenazas y exageremos los peligros.
Los sistemas de alertas
Mientras que centrarse en el lado más oscuro del mundo que nos rodea puede parecer una perspectiva deprimente, ha ayudado a los humanos a superarlo todo, desde desastres naturales hasta plagas y guerras, al estar mejor preparados para enfrentarlos (aunque hay evidencia de que el optimismo también puede ayudar a protegernos del estrés de situaciones extremas).
Y tiene tres sistemas de alerta para hacer frente a nuevos peligros.
Está el antiguo sistema de ganglios basales que controla nuestra respuesta de lucha o huida.
El sistema límbico que desencadena emociones en respuesta a las amenazas para ayudarnos a comprender los peligros.
Y la corteza prefrontal más moderna, que nos permite pensar lógicamente frente a las amenazas.
"Nuestros antepasados que tenían ese sesgo [negativo] tenían más probabilidades de sobrevivir", dice Baumeister.
Los humanos están programados para buscar amenazas y, con solo ocho meses, los bebés se girarán con más urgencia para mirar una imagen de una serpiente que una rana más amigable.
Baumeister dice que centrarse primero en los problemas puede ser una buena estrategia.
"Primero deshazte de los negativos y resuelve los problemas. Esencialmente, detén el sangrado".
Pero, aunque centrarse en lo malo puede mantenernos a salvo en situaciones extremas, el sesgo de negatividad puede resultar inútil en el día a día.
Baumeister cree que hasta que aprendamos a anular el impacto desproporcionado de lo negativo, eso distorsionará nuestra visión del mundo y cómo respondemos a él.
Los periódicos y las noticias
Es sabido que la vida tiende a verse sombría entre las páginas de un periódico.
A menudo se acusa a los periodistas de perseguir malas noticias porque venden periódicos y atraen a los espectadores.
Esto puede ser cierto en parte, pero los investigadores han demostrado que los lectores se sienten naturalmente atraídos por las historias calamitosas y es más probable que las compartan con los demás
Los rumores sobre peligros potenciales, incluso si son poco probables, se propagan entre las personas mucho más fácilmente que los rumores que podrían ser beneficiosos.
En un estudio, los científicos de la Universidad McGill, en Canadá, utilizaron tecnología de seguimiento ocular para estudiar a qué noticias prestaban más atención los voluntarios.
Descubrieron que las personas a menudo elegían historias sobre corrupción, reveses, hipocresía y otras malas noticias, en lugar de historias positivas o neutrales.
Las personas que estaban más interesadas en la actualidad y la política eran particularmente propensas a elegir las malas noticias y, sin embargo, cuando se les preguntó, estas personas dijeron que preferían las buenas noticias.
Lo que leemos y vemos en las noticias puede aumentar nuestros temores.
Por ejemplo, nuestro miedo al terrorismo es pronunciado a pesar de que la cantidad de personas asesinadas por grupos terroristas en los últimos 20 años en Estados Unidos es menor que la cantidad de estadounidenses que han muerto en sus bañeras durante el mismo período, explica Baumeister en su libro.
Las emociones negativas duran más que las felices
Aunque la preocupación por una situación hipotética pero horrible puede hacernos temer, una sola pequeña mala experiencia puede tener un impacto desproporcionado en todo nuestro día.
Randy Larsen, profesor de psicología y ciencias del cerebro en la Universidad de Washington en San Luis, revisó la evidencia que sugiere que las emociones negativas duran más que las felices.
Descubrió que tendemos a pasar más tiempo pensando en los eventos malos que en los buenos.
Lo que quizás ayude a explicar por qué los momentos embarazosos o los comentarios críticos pueden perseguirnos durante años.
Puede ser difícil no insistir en los comentarios hirientes de un amante, un familiar o un amigo.
"Creo que los comentarios negativos de las personas que amamos y en las que confiamos tienen más impacto que los de extraños", dice Baumeister.
Esto se debe en parte a que tenemos expectativas de cómo deben comportarse con nosotros nuestros amigos y familiares.
En algunos casos, los comentarios negativos de las personas que amamos pueden provocar heridas mentales duraderas y resentimiento que pueden hacer que las relaciones se rompan.
Investigadores de la Universidad de Kentucky, en Estados Unidos, encontraron que las relaciones rara vez se salvan cuando los individuos ignoran los problemas de la relación para permanecer "pasivamente leales".
"No son tanto las cosas buenas y constructivas que las parejas hacen o dejan de hacer el uno por el otro lo que determina si una relación funciona, sino las cosas destructivas que hacen o dejan de hacer en reacción a los problemas", dijeron.
Otro estudio, que siguió a parejas durante más de 10 años, mostró que la medida en que expresaron sentimientos negativos el uno hacia el otro en los primeros dos años de matrimonio predijo si se separarían.
Las parejas con niveles de negatividad más altos se divorciaban más.
El sesgo de negatividad explica por qué muchos de nosotros podemos ser culpables de dar por sentadas nuestras relaciones cuando van bien.
Pero notamos rápidamente las imperfecciones e incluso convertimos los problemas menores en problemas mayores.
El efecto de las redes sociales
Las críticas también se amplifican cuando llegan en grandes cantidades, lo que convierte a las redes sociales en amplificador potencial de la negatividad.
A pesar de tener el álbum más vendido de 2019, Billie Eilish le dijo a BBC Breakfast que evita mirar los comentarios.
"Me estaban arruinando la vida", dijo. "Cuanto más geniales son las cosas que puedes hacer, más personas te odian. Es una locura. Es mucho peor que nunca".
La estrella del pop Dua Lipa y la exintegrante de Girls Aloud, Nicola Roberts, son otras celebridades que han hablado sobre el impacto del troleo.
Baumeister advierte que no tenemos la capacidad de lidiar con la negatividad en las redes sociales, porque nuestro cerebro evolucionó para prestar atención a las advertencias de una comunidad cercana de cazadores-recolectores en lugar de cientos o miles de extraños.
"Entonces, escuchar cosas negativas de un gran número de personas tiene que ser devastador", dice.
Por supuesto, el impacto de ser trolleado online o criticado por un amigo varía de persona a persona.

El "sesgo de positividad
Pero recibir, internalizar y reforzar cualquier comentario negativo puede aumentar el estrés, la ansiedad, la frustración y la preocupación, dice Lucia Macchia, científica del comportamiento y miembro visitante de la London School of Economics.
"Lidiar con estas emociones negativas tiene un gran impacto en nuestro cuerpo, ya que incluso pueden crear y exacerbar el dolor físico", agrega.
Decenas de estudios han demostrado que las personas tienden a mirar el lado positivo a medida que envejecen.
Los científicos se refieren a este efecto como el "sesgo de positividad" y creen que comenzamos a recordar detalles positivos más que información negativa a partir de la mediana edad.
Baumeister cree que esto se debe a que necesitamos aprender de los fracasos y las críticas en nuestra juventud, pero esa necesidad disminuye a medida que envejecemos.
Sin embargo, los comentarios negativos pueden ser dañinos a cualquier edad, especialmente en momentos en que somos particularmente impresionables o vulnerables.
"Cuando ya estás deprimido, es más difícil recuperarse, así que no es un buen momento para recibir comentarios negativos", dice Baumeister.
Un tema muy debatido es si las personas con ciertas personalidades son más propensas a la negatividad que otras, dice Macchia.
Pero un estudio reciente no encontró "pruebas consistentes" de una relación entre los rasgos de personalidad o la ideología política de una persona y el sesgo de negatividad.
Aprovechar sus beneficios
"Todos somos sensibles a los comentarios negativos en el sentido de que no hay rasgos de personalidad 'más fuertes'. Hay que tener en cuenta que todo el mundo recibe comentarios negativos y eso puede ayudarnos a lidiar con ellos", añade.
Además, eso "podría ser una buena estrategia para proteger nuestra propia salud mental", dice.
"Otra estrategia útil podría ser considerar que los comentarios tienen más que ver con la persona que los hace que con la persona que los recibe".
Al reconocer el sesgo de negatividad, podemos anular las respuestas indeseables e incluso aprovechar sus beneficios.
Por ejemplo, Shelley Taylor, profesora de psicología social en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ha demostrado que las mujeres con cáncer de mama a veces forman creencias optimistas pero poco realistas para ayudarlas a sobrellevar la situación.
Estas "ilusiones positivas" están asociadas con beneficios para la salud mental y física, lo que sugiere que pueden ayudarnos a centrarnos en momentos de necesidad.
Minimización
El trabajo de Taylor también arrojó luz sobre una respuesta comúnmente utilizada frente a la negatividad, llamada minimización, que es nuestra capacidad para "reducir, minimizar e incluso borrar el impacto de ese evento".
Por ejemplo, los pacientes de cáncer del estudio de Taylor a veces se comparaban con mujeres que estaban peor que ellas, para que su problema pareciera más pequeño.
El paracaidista Felix Baumgartner, temerario profesional, puede que no sea alguien que podrías imaginar que necesitaría usar técnicas de minimización para enfrentar sus miedos.
Pero Michael Gervais, un psicólogo que trabaja con atletas olímpicos, las usó para ayudar a Baumgartner a lograr su objetivo de convertirse en el primer paracaidista en romper la barrera del sonido.
Según las entrevistas que concedió, Baumgartner tenía miedo de quedar atrapado en su traje especialmente diseñado.
En lugar de verlo negativamente como una prisión potencial, Gervais le enseñó a visualizar cómo el traje podría convertirlo en un superhéroe, amplificando los beneficios y disminuyendo las desventajas.
Utilizando una combinación de técnicas de respiración y una forma de terapia cognitiva conductual, Baumgartner pudo desarrollar su resistencia en el traje, cumplir su objetivo y convertirse en "Fearless Felix".
Pocos de nosotros compartiremos las elevadas ambiciones de Baumgartner, pero todos podemos aprender de él.
Al anular lo negativo y acentuar lo positivo, podríamos tener más posibilidades de lograr nuestros sueños.
Efectos del sesgo de negatividad en nuestra vida
Aunque parece que este sesgo de negatividad nos ha ayudado a sobrevivir como especie, lo cierto es que en nuestro día a día produce unos efectos bastante indeseables que conviene al menos conocer.
Además de afectar a nuestra toma de decisiones y a los riesgos que estamos dispuestos a asumir, este sesgo parece tener también un gran impacto en la forma en que percibimos a otras personas. En las relaciones cercanas, puede llevarnos a pensar y esperar lo peor de los demás.
Nos creemos antes las noticias falsas si son negativas
El sesgo de negatividad tiene consecuencias tan dispares como las que nos hacen más proclives a dar más credibilidad a las noticias negativas que a las positivas. Este tipo de noticias no solo atraen mucho más nuestra atención sobre ellas, sino que les damos mayor validez, aunque puedan ser falsas.
Afecta también a nuestros valores e ideologías y parecen tener mucho que ver con la tendencia a aferrarse a la tradición y la seguridad ante estímulos ambiguos y los cambios que se puedan considerar amenazantes.
Como vemos, más nos vale reflexionar sobre cuál es nuestra tendencia en la mayoría de las situaciones y tener en cuenta la presencia del sesgo de negatividad, sobre todo si deseamos que nuestras decisiones sean las más adecuadas posibles.
Conclusiones
Cotidianamente nos enfrentamos a la tristeza, el rechazo, el miedo. Sin embargo, cuando nos encontramos bloqueados en aspectos negativos de la vida, es extremadamente útil ser conscientes de por qué lo estamos haciendo. Puede que estemos programados de forma evolutiva a reaccionar de esta manera, pero eso no significa que no seamos capaces de reconducir la situación y entrenar para cambiar los patrones establecidos en nuestra mente. Siempre vamos a poder reconvertir nuestro cerebro para crear patrones más positivos que fomenten nuestro bienestar, autoestima y seguridad personal.
Mientras que las lesiones físicas pueden tardar semanas en sanar, los comentarios negativos pueden dejarnos cicatrices de por vida.
Ya sea que se trate de una crítica relajada por un maestro en la escuela o de un comentario cruel lanzado en el fragor de una discusión con un amigo o un amante, tendemos a recordar las críticas mucho mejor que los comentarios positivos.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.
Bibliografía
Los contenidos aportados en esta publicación, son el resultado de la investigación y posterior compilación de fuentes reconocidas, y que se mencionan sus créditos a continuación:
1. https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-61969982
2. https://www.verywellmind.com/negative-bias-4589618
3. https://www.psicoactiva.com/blog/el-sesgo-de-negatividad-que-es-y-como-puedes-vencerlo/
3. https://lamenteesmaravillosa.com/el-sesgo-de-negatividad-segun-la-ciencia/
5. https://www.infobae.com/espana/2025/12/23/alberto-ramirez-psicologo-explica-como-funciona-el-sesgo-de-negatividad-nuestro-cerebro-prioriza-aquello-que-nos-puede-danar/
Lectura complementaria
1.https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0023969021000254